Josepa Naval Girbés
Algemesí (1820-1893)

Sus padres, Francesc y Josepa, eran profundamente cristianos y vivían del campo con cierto acomodo económico. Josepa era la primogénita de seis hermanos, y de sus padres imitó la laboriosidad, conciencia recta y temerosa de Dios y la piedad.
Los primeros pasos hacia la perfección cristiana fueron la confirmación, que recibió a los ocho años, la primera comunión, poco después (antes de la edad acostumbrada) en la que tuvo cierta experiencia mística, su entrega filial a la Virgen María (al perder la suya a los trece años) y el voto de virginidad, a los dieciocho años, con el que consumó su total entrega al Divino Esposo y a la Iglesia.
El afecto de su pueblo hizo que lo denominaran unánimemente (salvo ideologías, diferencias sociopolíticas, …) Señora Pepa, familiarmente “Nyo Pepa”.
Josepa se dedicó a la educación de mujeres jóvenes. A los treinta años abrió en su casa un taller gratuito de bordado de oro y seda al que acudían asiduamente muchas chicas de diferentes esferas sociales.
El 25 de septiembre de 1988 fue beatificada en Roma por Juan Pablo II, y actualmente está abierto su proceso de canonización. La diócesis de Valencia celebra su festividad litúrgica el 6 de noviembre.

